Experiencias chinas: ayer, hoy y mañana

Por Jean Claude Bessudo
Presidente de Aviatur

A cabo de cumplir 69 años. En esta vida he tenido muchas sorpresas y he podido presenciar algunos hechos que no creía se podrían dar: La llegada del hombre a la luna, la caída del Muro de Berlín, un Presidente afroamericano en Estados Unidos y quien quita, la firma de una parte de la paz en Colombia; sin embargo, debo reconocer que lo que más me ha impactado es la increíble transformación de la República Popular China.

En los años 60, mis intentos de conseguir visa para conocer ese país fueron infructuosos. El portón de la Embajada de la República Popular en París, una de las primeras en el mundo occidental, era más infranqueable que la Ciudad Prohibida en la época de la Emperatriz Cixi. Mi único contacto en esa década con la República Popular, fue por una escala técnica en el aeropuerto de Pekín en un vuelo de Air France que se originaba en Fukuoka-Japón, con destino final París. Recuerdo los guardias rojos que subían al avión y en absoluto silencio inspeccionaban cada página de los pasaportes de los pasajeros en tránsito.

El diminuto aeropuerto de Pekín se veía a lo lejos vacío, igual de silencioso y casi fantasmagórico. Debí esperar la creación de la Asociación de Amigos Colombo China, de la cual fuimos miembros fundadores en 1977, para lograr la tan anhelada visa. Mi esposa Danielle iba a sacarlas a la Embajada de Lima, ya que en ese entonces no había Embajada de la República Popular China en Colombia. Recuerdo nuestro primer viaje en 1978, justo después de la muerte de Mao.

Me impresionó el hotel Luxinshe y el edificio de gobierno de la Plaza Tiananmén, que eran los más altos de una ciudad en la cual predominaban las construcciones de un solo piso. Millones de bicicletas, una ola azul formada por el color del uniforme que vestían los habitantes y una limusina ZIL como único carro surcando la plaza cada 15 minutos. En el hotel solo había comida occidental. Pregunté por qué no se podía conseguir comida china y me respondieron que lo hacían para salvaguardar la salud de la gente y sobre todo ¡para que no fueran a pedir reembolso por motivo de trastornos estomacales! Cada piso del hotel era celosamente custodiado por guardianas, en el mejor estilo de los cancerberos de la mitología griega.

Visitamos con asombro los lugares turísticos, la Gran Marulla, el Palacio de Verano, entre otros, mientras los hombres se amontonaban alrededor de mi esposa para mirar sus pies con sandalias y uñas pintadas de rojo. Más tarde, el guía nos explicó que solamente las prostitutas se pintaban las uñas de los pies. De ese viaje siempre recordaré la amabilidad de las autoridades de la República Popular China, el incipiente departamento de turismo y la maravillosa recepción que ofrecieron a nuestra delegación.

El mejor pato Pekinés lo probé ese día, rodeado de toda clase de acompañamientos, incluyendo aguamalas fritas.
Nuestra segunda visita, con toda la familia, fue para el Handover (la transferencia de soberanía de Hong Kong a China), donde disfrutamos de la hospitalidad del Embajador colombiano, Álvaro Escallón. Descubrimos hoteles modernos y todo el confort imaginable. Nos deleitamos con el Tai chi que se daba al amanecer, con la puesta del sol en los parques, los restaurantes fuera del circuito turístico que eran un espectáculo de lo más exótico para mi paladar y, con la posibilidad que tuvieron mis hijas, de comprar por unos pocos dólares ajuares que todavía deben tener.

Desde aquel entonces el progreso industrial de la República Popular China ha sido asombroso. Hoy la diversidad de sus exportaciones se encuentra a la altura de las más altas tecnologías. El intercambio comercial con Colombia también ha tenido una importante evolución, desde los intentos de comercialización de café colombiano que hiciera el primer Embajador que tuvo el país en China, Julio Mario Santo Domingo, tarea asignada por el Presidente Turbay, pasando por las muy fructíferas misiones que coordinó el Embajador Álvaro Escallón, hasta la actual importante presencia de firmas chinas en el país y el dinámico esfuerzo que hacen los empresarios colombianos por acceder a ese mercado. A lo largo de los años nuestras experiencias culinarias se complementaron con deliciosas invitaciones a la Embajada China y, las profesionales, con la prestación de servicios durante la Exposición Universal de Shanghai, en el Pabellón de Colombia.

La última visita a la República Popular fue producto de una recomendación de mi consejero de viajes, el experto Andrés Hurtado: Las montañas de colores en el Parque Geológico Zhangye Danxia, un sitio maravilloso todavía poco frecuentado por el turismo occidental. Conversando con la delegación que acompañó al Primer Ministro Chino Li Keqiang a Colombia el año pasado, en una cena ofrecida por el señor Presidente Santos en el Palacio de Nariño, me di cuenta que muchos de los chinos tampoco conocían ni habían oído hablar de ese excepcional lugar.

Lo que nos falta ahora con China es tal vez profundizar el intercambio de turistas. Hoy en día, en su mayoría, quienes se desplazan hacia Colombia lo hacen por motivos laborales y de negocios. Los colombianos que van a China, creemos lo hacen la mitad por trabajo, y la otra mitad por turismo. Actualmente, casi 120 millones de chinos viajan alrededor del mundo, son el principal mercado emisivo y superan en casi 2,5 veces el gasto de los estadounidenses, que ostentaron el primer puesto por mucho tiempo. Sin embargo, la cifra de participación que tiene toda América Latina en este volumen es inferior a la cantidad de viajeros chinos que visitan Japón en un mes. A Colombia llegan aproximadamente 12.000. Tenemos una infraestructura turística adecuada pero subutilizada; sin duda, los viajeros procedentes de China serían bienvenidos para ayudarnos a expandir las bondades del sector a lo largo y ancho del territorio nacional.

  Jean Claude Bessudo

Para recibir turismo chino debemos hacer el esfuerzo con guías capacitados que hablen mandarín y tal vez con un mejor presupuesto de promoción de Colombia en la República Popular China. Para cumplir con este propósito, Colombia no podría nombrar mejor representante diplomático que Oscar Rueda García, quien durante tres décadas se ha desempeñado en cargos de la mayor relevancia en el campo del turismo: Veinte años al frente de la Asociación Colombiana de Agencias de Viajes y Turismo (ANATO), Presidente de la Asociación Mundial de Agencias de Viaje y luego Viceministro de Turismo del país, cargo que ejerció impecablemente durante casi siete años. Conoce como nadie el país y logrará optimizar el intercambio cultural, turístico y comercial entre nuestras dos naciones. Le deseamos el mejor de los éxitos en su labor.

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